Y no tiene rivales y no entiende de opiniones. Simplemente es, y contra ella no existen bombas; ni podrán matarla porque no vive; ni podrán ignorarla porque está presente en toda nuestra realidad.
Y la verdad tampoco pasa hambre, ni es susceptible a intereses. La verdad se lucha, y cuando se lucha con ella, se gana.
27 de octubre de 2011
23 de octubre de 2011
Y la aguja del reloj navegó altos mares en silencio.
De repente la vida te pasa la mano por la cara para recordarte lo poco que te queda aquí. Para decirte que igual que viene, se va; igual que se entrega, te abandona. Libre. Para recordarte que es libre. Fugaz. Para recordarte que pasa rápido.
Sus quilos, que pesan segundos, son tan impalpables como invisibles y te acarician la cara con una brisa tan suave, que ninguno de tus poros percibe.
Y, hoy, que ella te ha venido a recordar que esto no es un juego, que tiene más poder que cualquier otro ser vivo en el mundo, que puede venir y hacernos decir adiós tan rápidamente, es hoy, cuando entonces piensas, ¿qué he hecho con ellos, que he hecho con todos los segundos de mi corta vida?
Y no te paras a medir sonrisas o lágrimas, y no te paras a pensar las veces que reíste o lloraste, no los cuentas, ya no importan. Solo te paras a pensar tus ilusiones o a abandonarlas, a contemplar tus logros o a despedirlos, a rascarte las heridas y a perdonarlas, a recordar quién eres, quién fuiste y quién vas a dejar de ser. Y solo mirarás tu huella en este suelo, y pensarás qué tan importante ha sido. Y solo extrañarás a los que han llenado ese hueco en tu reloj. Los besarás y subirás allí donde quiera que la vida se transporte, y te irás allí donde Dios quiera que ella se vaya. Y solamente se te cruzarán porqués, y ya no habrá nostalgia, ni pena existente, porque, nunca sabrás cuál es el hilo que separa la vida y la muerte.
Y no te hará falta un segundo para presenciar como una luz puede apagarse de golpe. Ni te hará falta una respuesta para descifrar cuánto vale una vida humana.
Sus quilos, que pesan segundos, son tan impalpables como invisibles y te acarician la cara con una brisa tan suave, que ninguno de tus poros percibe.
Y, hoy, que ella te ha venido a recordar que esto no es un juego, que tiene más poder que cualquier otro ser vivo en el mundo, que puede venir y hacernos decir adiós tan rápidamente, es hoy, cuando entonces piensas, ¿qué he hecho con ellos, que he hecho con todos los segundos de mi corta vida?
Y no te paras a medir sonrisas o lágrimas, y no te paras a pensar las veces que reíste o lloraste, no los cuentas, ya no importan. Solo te paras a pensar tus ilusiones o a abandonarlas, a contemplar tus logros o a despedirlos, a rascarte las heridas y a perdonarlas, a recordar quién eres, quién fuiste y quién vas a dejar de ser. Y solo mirarás tu huella en este suelo, y pensarás qué tan importante ha sido. Y solo extrañarás a los que han llenado ese hueco en tu reloj. Los besarás y subirás allí donde quiera que la vida se transporte, y te irás allí donde Dios quiera que ella se vaya. Y solamente se te cruzarán porqués, y ya no habrá nostalgia, ni pena existente, porque, nunca sabrás cuál es el hilo que separa la vida y la muerte.
Y no te hará falta un segundo para presenciar como una luz puede apagarse de golpe. Ni te hará falta una respuesta para descifrar cuánto vale una vida humana.
15 de octubre de 2011
27 de septiembre de 2011
25 de septiembre de 2011
24 de septiembre de 2011
La ley de las prioridades sufre de ambigüedad y de injusticia. Cada uno tiene sus razones para anteponer la Y a una X. Cada uno tiene sus valores, para decidir, que es lo que más importa.
Si yo obtuviese conclusiones de esa decisión, me podría equivocar.
No pretendo que con palabras ahuyenten lo que es evidente, ni que me intenten convencer cuando tengo una opinión. Si las cosas cambiaron, es porque quise mentirme, porque si los hechos hablaran hoy, para mí, no existirías.
Pero a veces querer una persona es suficiente argumento para que yo siga ahí.
Impotencia es lo único que sufro, hoy, porque tomar de nuevo la decisión de siempre no sé si servirá.
Me canso de mis tonterías y de las suyas, a veces me siento gilipollas por seguir girando en este ciclo. No te importa nada, no finjas, y si tus palabras me dijesen lo contrario, un año de argumentos te contradirían.
Si yo obtuviese conclusiones de esa decisión, me podría equivocar.
No pretendo que con palabras ahuyenten lo que es evidente, ni que me intenten convencer cuando tengo una opinión. Si las cosas cambiaron, es porque quise mentirme, porque si los hechos hablaran hoy, para mí, no existirías.
Pero a veces querer una persona es suficiente argumento para que yo siga ahí.
Impotencia es lo único que sufro, hoy, porque tomar de nuevo la decisión de siempre no sé si servirá.
Me canso de mis tonterías y de las suyas, a veces me siento gilipollas por seguir girando en este ciclo. No te importa nada, no finjas, y si tus palabras me dijesen lo contrario, un año de argumentos te contradirían.
Por si el eco se esconde
Hoy grito en silencio puesto que nadie me escucha.
¿Para qué pedir ayuda si no la van a oír?
Y si las penas desgarran, te aguantas.
Y si las palabras pudieran, te ahogarían.
Volaron memorias que hoy ya se olvidan,
exhaustas, rendidas, intentan gritar.
Intenciones pintadas de blanco,
nostalgia teñida de gris.
Reincidente, me ataron las horas al tren del olvido,
por si hoy la arena del reloj no quisiera pasar.
Sentirse olvidado te vuelve invisible.
¿Recuerdas?
palabras que huyeron, hechos que desvelan
que mentías, que mentí.
Que el perdón se vuelva, de nuevo, una manía,
para que al barrer se ausentaran las penas
de esta triste mortal.
Pero el dolor, miente, cuando perdona,
y cuando perdona, no olvida.
¿Para qué pedir ayuda si no la van a oír?
Y si las penas desgarran, te aguantas.
Y si las palabras pudieran, te ahogarían.
Volaron memorias que hoy ya se olvidan,
exhaustas, rendidas, intentan gritar.
Intenciones pintadas de blanco,
nostalgia teñida de gris.
Reincidente, me ataron las horas al tren del olvido,
por si hoy la arena del reloj no quisiera pasar.
Sentirse olvidado te vuelve invisible.
¿Recuerdas?
palabras que huyeron, hechos que desvelan
que mentías, que mentí.
Que el perdón se vuelva, de nuevo, una manía,
para que al barrer se ausentaran las penas
de esta triste mortal.
Pero el dolor, miente, cuando perdona,
y cuando perdona, no olvida.
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